Maximiliano Gonzalez Kunz

Cómo la tecnología nos lleva vivir enganchados

 

Desde una edad temprana, los seres humanos aman a pulsar los botones que se iluminan y hacen un ruido. La emoción de la retroalimentación positiva se encuentra en el corazón de la adicción a los juegos de azar, juegos y medios de comunicación social.

 

No hace mucho, entré en un ascensor en el piso 18 de un edificio en la Ciudad de Nueva York. Una joven mujer en el interior del ascensor estaba mirando hacia abajo a su hijo con vergüenza. El reía y ella parecía haberlo retado. Cuando me giré para empujar el botón de planta baja, vi que cada botón ya había sido presionado. A los niños les encanta pulsar botones, pero además pulsar cada botón cuando los botones se iluminan. Desde una edad temprana, los seres humanos son impulsados a aprender, y el aprendizaje consiste en obtener la mayor información posible del entorno inmediato. El niñito que compartía mi ascensor estaba sonriendo porque había obtenido lo que quería: retroalimentación en forma de luces o sonidos o cualquier cambio en el estado del mundo resulta placentero.

 

Pero esta búsqueda de reflexionar y comentar el tema no termina con la niñez. En 2012, una agencia de publicidad en Bélgica produjo una campaña publicitaria de un canal de televisión que pasó rápidamente a ser viral. Los productores de la campaña, colocaban un gran botón rojo en un pedestal, en una pintoresca plaza de una ciudad soñolienta en Flandes. Una gran flecha colgada encima del botón con una simple instrucción: pulsar para añadir drama. Usted podía ver el destello en los ojos de cada persona cuando él o ella se aproximaba al botón, el mismo que llegó justo antes de que el niño en mi ascensor paseara su pequeña mano a través del panel de botones.

 

Los psicólogos siempre han tratado de entender cómo los animales responden a diferentes formas de retroalimentación. En 1971, un psicólogo llamado Michael Zeiler en su laboratorio, investigó a través de tres hambrientas blancas palomas. Más tarde, el programa de investigación se centró en ratas y palomas, pero había nobles objetivos. Podría el comportamiento de los animales de orden inferior enseñar cómo fomentar la caridad y desalentar la delincuencia? Los empresarios podrían inspirar sobrecargado de trabajo trabajadores de turnos para encontrar un nuevo sentido en sus puestos de trabajo? Los padres pueden aprender a dar forma a los niños perfectos según la crianza que puedan impartirles? En esto pensaba el científico para avanzar en su experimiento, que vislumbraba como los inicios de estas respuestas posibles.

 

Zeiler podría cambiar el mundo. Una opción era recompensar a cada comportamiento deseable. Otro era recompensar a aquellos mismos comportamientos deseables en un horario imprevisible, creando algunos de los misterios que anima a la gente a comprar billetes de lotería. Las palomas habían sido criados en el laboratorio, por lo que conocían el taladro. Cada uno iba hasta un pequeño botón y picoteaban persistentemente, esperando que el botón liberaría una bandeja de comida. En algunos ensayos, Zeiler pensó en programar el botón así que entregaron más y más alimentos cada vez las palomas picoteaban; en otros, ha programado el botón así que entregaron alimentos sólo parte del tiempo. A veces las palomas irían en vano, girarían el botón rojo, y que no recibiría nada.

 

Continuará…

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